Nosotros

Una planta, una familia y una mesa de comedor

Luffaloop no nació de un plan de negocios. Es un proyecto familiar: nació de una enredadera, de una cosecha que dio más de lo que esperábamos y de la sospecha de que a mucha gente le iba a gustar dejar de comprar esponjas de plástico.

La luffa (Luffa cylindrica) es pariente del zapallo. Trepa, da flores amarillas y un fruto que, si lo dejás madurar de más en la planta, se seca por dentro y deja una red de fibras. Eso es todo lo que vendemos: ese esqueleto vegetal, pelado, lavado al sol y cortado.

El proceso es lento y no lo podemos apurar. Cultivo, espera, cosecha, secado, pelado, enjuague, secado otra vez, clasificación y recién ahí el corte. Cada etapa la hacemos nosotros, en Córdoba, sin máquinas. Por eso trabajamos por tandas y a veces algún producto se agota hasta la siguiente.

Lo que más nos gusta contar es el final: cuando una luffa termina su vida útil, la cortás y la tirás a la tierra. No queda un residuo dando vueltas doscientos años. Vuelve al mismo lugar de donde salió. De ahí el nombre, el loop: el círculo que se cierra.

Nuestro empaque

El último paso lo hace mi tía, a mano.

Las cajas son territorio de ella. Las corta, las pliega y las cierra una por una, en la mesa del comedor, mientras tomamos mate y discutimos si conviene sacar los jabones antes o después del verano.

Ninguna sale idéntica a la otra: alguna tiene el pliegue un poco corrido, otra el sello apenas torcido. No lo corregimos. Es la prueba de que atrás hay una persona y no una línea de producción.

Son de cartón reciclado, sin plástico, sin blísters ni precintos. Cuando terminás, la caja también va al compost o al cartón.

Nos gusta conocer a quien compra

No tenemos carrito ni checkout automático. Cada pedido pasa por una conversación, y así queremos que siga por un buen rato.

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